Infancia solitaria

Con los primeros recuerdos de mi infancia, mi mente viaja a la Avda. Matta que fue donde mi madre vivía cuando nací, pero plena conciencia de mi existencia la tengo más en la casa de la Población Lemus, lo que hoy sería en la comuna de Recoleta, pegadita a las faldas del Cerro San Cristóbal.

Me recuerdo en el jardín que era en altura, con varios peldaños para subir y poder llegar a la casa desde la calle, estaba literalmente en las faldas del Cerro San Cristóbal. Había muchas plantas, del interior de la casa no tengo mucho recuerdo, pero me veo jugando en el jardín y en la entrada a la casa. También de quedarme largo rato apoyada en la reja de protección, mirando a la gente que pasaba. Recuerdo a mi tía haciendo aseo, pasando un paño por todo el piso de madera. En ese tiempo era más agradable la sensación, no sentía soledad, ni pena. Más que nada yo jugaba y mi tía me cuidaba, se preocupaba de darme de comer y que no me pasara nada mientras jugaba en el jardín.

Luego cuando nos cambiamos a la casa de Plaza Chacabuco, tengo más noción de las cosas que pasaban en mi familia, había pobreza, los recursos económicos eran limitados. Recuerdo que jugaba en el patio con mi gatito llamado Tigre, que un día enfermó y se fue al cielo, pero no me lo dijeron. Me explicaron que estaba enfermo y lo llevaban al doctor. Los veterninarios no eran muy fáciles de encontrar en esos años y eran carísimos. Así es que mi familia recurrió a un veterinario que atendía en el Hipódromo Chile, (sabía más de caballos) que estaba a una cuadra de la casa. Tenía una linda conexión con mi gato, él se dejaba manipular a mi antojo en los juegos a la casita que yo hacía. Siempre estaba conmigo, era mi compañero de juegos.

Era la única niña de la familia, tenía 4 años cuando llegamos a esa casa, mi madre, mi tía, su marido y yo. En ese tiempo mi madre era más cariñosa, más demostrativa conmigo de cariño, dormíamos en una pieza para ambas, y en el otro dormitorio mi tía y su marido. Me gustaba en invierno, meterme con mi madre a la cama y dormir pegada a su cuerpo, sentir su calor. Así me sentía bien, me daba seguridad y confort, ella me abrazaba. Lo mismo si estábamos en el living, yo me acostaba en el sofá y ponía mis pies sobre sus piernas. Con eso yo era muy feliz, me sentía tan bien, me hacía experimentar una unión con mi madre, me sentía querida y que era importante para ella.

No es fácil crecer para una niña solo con adultos, al menos no lo fue para mi. En el momento no me daba cuenta, pero a medida que crecía experimentaba sentimientos de soledad, comencé a ver que mi familia no era igual a otras familias. Los adultos trataron de protegerme siempre, de que yo me alimentara bien a pesar de las dificultades económicas. La que estaba a cargo de eso, era mi tía quien se quedaba a cargo de la casa y de mi cuidado, mientras mi tío y mi madre, salían a trabajar.

Luego que mi gatito se fue al cielo de los gatitos, después de un breve tiempo, yo sentí deseos de tener un perrito, los veía en la calle y me acercaba a acariciarlos, me sentía atraída por ellos. Así es que trajeron un perrito, el que no permaneció mucho tiempo, porque era muy maldadoso y la ignorancia de mi familia en ese tiempo, no supo manejar esa situación. Hoy veo con dolor eso, porque se lo llevaron y no supe qué pasó con él después. Pero yo insistí en que quería tener otro perrito y finalmente llegó mi perrito Terry, el que me acompañaría por largos años, crecí y me desarrollé mientras él también crecía y envejecía. Fue un apoyo emocional, muy importante para mi.

Tener un compañero de juegos era un apoyo emocional importante para esta niña solitaria de 4 años que era yo. Pasaba todo el día solo con mi tía y ella era muy preocupada de mantener la casa limpia y tener una buena comida para todos, nutritiva y abundante para los cuatro. Luego de hacer las cosas, le gustaba sentarse en la mesa del comedor a resolver puzzles, esa era su actividad diaria. Entonces, yo debía buscar algo en qué pasar el tiempo, para entretenerme, como hija única había aprendido a jugar sola, inconscientemente sentía la carencia de alguna compañía, por eso creo yo, tenía la necesidad de un perrito.

Acerca de Betmi

Madre, hija, mujer. Amo los animales, me sensibilizan especialmente los perros y gatos. Con un profundo interés por aprender de todo. Deseo escribir desde antes de saber hacerlo. Me gusta leer y tejer. Amiga de pocos.
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