Aún me resulta sorprendente el ver como he cambiado en muchas cosas, he logrado ser un poco mas tolerante, menos prejuiciosa, a tener mas paciencia y tratar siempre de ponerme en el lugar de la otra persona, para tratar de comprender el porque de su actuar. Esta posición me ha significado ganar momentos gratificantes y felices, cosa que en el pasado me perdí, porque mi ego era demasiado grande, mi orgullo me llevaba a no ser capaz de reconocer mi error y culpar a la otra persona de la discusión.
Es cierto eso que la experiencia es la que nos hace aprender mas que en cualquier universidad, también la disposición a dejar atrás los errores antes cometidos, y tratar de esforzarnos en ser un poco mejores personas, reconocer nuestros es errores siempre es crudo, en mi caso era algo casi imposible, siempre quise y busqué ser perfecta, no me perdonaba errores con facilidad, me he exigido mucho a mi misma durante muchos años. No dándome márgen alguno a error, me avergonzaba y aún me sucede, ver que he cometido errores. Hoy los que mas duelen sin duda, son los cometidos con mis hijos, esos aún no logro perdonarme, creo que nunca lo haré.
En estos momentos no me siento del todo bien, me siento sola, sin apoyo, a pesar de mantener un matrimonio de mas de 20 años, creo que ambos estamos juntos por la costumbre y la supuesta “estabilidad” que esto conlleva, pero que ambos seamos el apoyo del otro, no es lo que vivo. Mi marido no sabe de mis problemas, angustias, problemas de salud, no solo porque yo no los manifieste abiertamente, sino también, porque yo siento que realmente no le interesa. Si bien es cierto, estoy relativamente acostumbrada a ello, no por eso, en ocasiones se me hace muy doloroso. La mayor parte del tiempo, trato de no pensar en ello y asumirlo nada mas.
He pensado en muchas ocasiones, dar por terminado este matrimonio que no es tal, es solo una buena conviviencia de dos personas que se conocen hace muchos años, que tienen dos hijos, pero que en la práctica no se sienten enamoradas, ni cercanas. Mi sentimiento ante él mas bien es de dolor, me duele sentir que no se esfuerza lo suficiente por darle lo necesario no a mi, sino a sus hijos, no lo veo esforzado por suplir sus necesidades, mas bien lo veo, relajado y seguro que seré yo quien vele por eso.
Todo comenzó hace muchos años atrás cuando quedó sin trabajo, yo me hice cargo de las deudas y le di mi apoyo moral, haciéndole sentir que solo era cosa de aguantar el chaparrón y que pronto estaríamos bien. Salí a buscar otro trabajo del que tenía, y comenzé a trabajar desde las 08.00 de la mañana hasta las 10.00 de la noche, terminaba cansadísima, pero sabía que era lo que tenía que hacer.
Hoy he tenido que recurrir a enojarme, molestarme y hasta negar que tengo plata, para presionarlo y en cierta forma obligarlo a ser capaz de traer mas dinero, u obligarlo a ser quien pague algunas cuentas.
En fin, un amigo me dice que esta situación es mas frecuente de lo que yo imagino, que los hombres con frecuencia toman esta actitud, me cuesta creerlo. Creo que este matrimonio no perdurará mas allá de que mis hijos terminen sus carreras en la universidad.