Historias para Carabineros

Recuerdo haber tenido alrededor de 4 años o 5 años, y desde siempre con deseos de poder escribir, entonces como no sabía hacerlo, imaginaba que lo hacía con la sucesión de letras e en minúsculas, y cada tantas, hacía un corte para simular una palabra, de esa forma era capaz de escribir páginas y páginas.

Carabineros - Docamira
Betmi – Carabineros

Tenía un cuaderno con líneas, todo un lujo para la época que se vivía en mi país, corría el año 1970, y no era el mejor de los tiempos. Vivía con mi madre, mi tía y su marido. Mi familia era de pocos recursos, mi madre no había terminado siquiera la enseñanza básica, por lo que con gran esfuerzo, había logrado terminar un curso de Corte y confección, con esa herramienta y muchas revistas de moda, trabajaba haciendo ropa, vestidos y faldas mayormente para las vecinas y sus hijas. En ese tiempo no existían grandes tiendas con ropa variada a la venta. Resultaba más económico mandar a hacer la ropa a la costurera del barrio, esa era mi madre. En dicho cuaderno, yo fantaseaba con las historias que estaban en mi cabeza y que imaginaba escribir a diario.

Un día cualquiera, luego de estar en eso, sentada en los escalones de la entrada de mi casa en el barrio de Plaza Chacabuco, di una mirada a lo que tenía a mi alrededor, una calle amplia con casas en ambos costados, netamente residencial, dos perros que descansaban pegados a la solera de la vereda, uno que otro vehículo que transitaba, la cuadra era muy tranquila, de hecho a diario había muchos niños jugando a la pelota sin mayores preocupaciones, pero yo ése día decidí  hacer algo que siempre quería hacer, pero me habían enseñado a no alejarme de la casa, por alguna razón que no recuerdo decidí que ese día lo haría. Tomé rumbo hacia la mitad de la cuadra, donde había otra calle perpendicular muy cortita, que conducía a la calle paralela a la calle donde estaba mi casa, sin miedo caminé durante 4 o 5 minutos, cuando logré ver la Comisaría, mi corazón comenzó a latir más rápido, me puse ansiosa, feliz, por fin estaría con ellos, solo quería estar con ellos. Doblando a la izquierda continué caminando recto y llegué a la puerta de entrada de la Comisaría y el Carabinero que estaba de guardia sobre la plataforma de madera cuadrada que se ubicaba a la entrada en cada unidad policial, dijo “Cabo de guardia”. Era la costumbre, cada vez que alguna persona se acercaba a la puerta, para advertir al carabinero que estuviera de guardia, a cargo de atender a las personas que lo requerían. Sentía tanta emoción, me sentía importante, ellos me veían, ¡¡sabían de mi existencia!! Para esperar que apareciera el cabo de guardia, decidí sentarme en el escalón de entrada, y hacerle compañía al Carabinero que estaba de punto fijo, aunque tenía claro que él no podía hablarme, ni responder ninguna pregunta que hiciera, para eso estaba el “Cabo de guardia”.

Comencé con mucha tranquilidad a “leer” mi cuaderno, leía una historia que tenía clarísima en mi cabeza, hoy no la recuerdo, y que no daría por poder hacerlo. El Carabinero solo escuchaba, luego de un momento de estar en eso, llegó el “cabo de guardia” el que con asombro me mira instalada en el acceso principal, sentada en los escalones, y muy concentrada leyendo mi historia, no fue capaz de interrumpirme, solo me miraba. Yo era completamente feliz, no pensaba en nada más creyéndome tan importante ahora, estaba leyendo algo para un Carabinero, lo estaba acompañando mientras él trabajaba, no existía nada mejor que eso, en mi mundo solo existía ese lugar ahora,  ese momento, el resto no existía. No había familia, ni barrio, ni amigos, nada. Pasaron los minutos, y yo sin noción alguna del tiempo que transcurría.

El Carabinero de guardia me dejó seguir con lo mío, y comenzó a atender a las otras personas que llegaron a la comisaría. No tengo idea cuanto rato estaría en eso, pero fue un largo rato.

En mi casa, era otra la situación que se vivía, mi madre en vista que no me escuchaba, salió a verme en la puerta de la casa, donde siempre me instalaba a jugar sola. Con asombro y miedo, descubre que no estoy, comienza la búsqueda dentro de mi casa, pensando que tal vez pasé al patio y no me vió, se va al patio a buscarme, tampoco estoy ahí, continuó por las casas de mis amigos, tampoco me había ido a la casa de algunos de ellos, todos vivían en la misma calle, además, yo nunca había hecho algo así, solo tenía 4 años. En la desesperación de no encontrarme en ninguna parte, piensa que fue mi padre, quien ha ido por mi, y me llevó a la fuerza con él. Ellos no vivían juntos, ni se habían casado, producto del pololeo, nací yo.  Ya no había duda, mi padre me había llevado, en el fondo era un secuestro, así es que no quedaba más que avisar a la policía para que pudieran buscarme.

Mi madre entre lágrimas y con mucha desesperación, recriminándose a si misma, el hecho de dejarme jugar en la puerta de la casa, decide ir a Carabineros a dar a aviso, haciendo el mismo recorrido que había hecho yo, luego de unos minutos está cerca, y al acercarse a la comisaría, ve una niña pequeña con un cuaderno en las manos, que lee una historia al Carabinero que está de punto fijo, el que solo puede oír mi relato, sin poder hacer nada más. Cuando ve a mi madre acercarse, repite lo habitual “Cabo de guardia”. Mi madre llora y yo lamento que me fuera a buscar, si recién había llegado y lo estaba pasando ¡¡tan bien!! El Carabinero de guardia se acerca y se da cuenta que es mi madre, ella le explica la situación y él le cuenta que yo solo me había sentado ahí desde que llegué a leer mi cuaderno. Es entonces cuando notan que en mi cuaderno solo hay rayas, simulando letras. Mi madre le cuenta mi gran admiración por ellos y le agradece la paciencia.

Acerca de Betmi

Madre, hija, mujer. Amo los animales, me sensibilizan especialmente los perros y gatos. Con un profundo interés por aprender de todo. Deseo escribir desde antes de saber hacerlo. Me gusta leer y tejer. Amiga de pocos.
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