Por qué escribo

Me gusta escribir desde que aún no sabía hacerlo. Tenía como 4 años simulaba escribir en un cuaderno de líneas. Sentía un placer inexplicable, con tan poca edad ni siquiera me planteaba por qué lo hacía. Era un juego y lo jugaba casi todos los días. Luego, me iba a la Comisaría de Carabineros que tenía como a dos cuadras de mi casa, (me arrancaba) a hacerle compañía al Carabinero de guardia, “leyéndole” mi escrito. Recuerdo que siempre tenía una historia distinta en mi cabeza, y esa iba relatando desde mi imaginación.

Cuando aprendí a escribir a los 6 años, comencé con pequeñas historias inventadas con pinceladas de verdad. Luego cerca de los 10 u 11 años, comencé con un “Diario de Vida”. Donde escribía mis penas de niña que se sentía profundamente sola, incomprendida y no querida. Esa costumbre fue intermitente, en el tiempo. Pero en la adolescencia fue más intensa. A los 12 años creo que fue el tiempo de mayor crisis, y escribía a diario, lloraba escribiendo, botaba mis angustias. Nunca nadie se enteró de lo escrito y nunca lo hará, porque cerca de los 40 años cometí el peor error, los boté a la basura. No dimensioné el tesoro que tenía en mis manos, fruto creo yo de la desvalorización que tenía hacia mi misma. Hoy cada vez que lo recuerdo, siento un profundo arrepentimiento. Hoy que quiero y deseo escribir mi biografía, me serían tan útiles para recordar mis sentimientos de ese tiempo, las vivencias que me generaban tanta pena y angustias, ya que solo recuerdo la tristeza, y tengo noción que hechos eran lo que me angustiaba, pero no recuerdo lo que escribí, ni la visión que tenía en ese tiempo, de lo que vivía.

Soy una mujer madura, de 57 años, que tiene dos hijos adultos. Mi hija mayor independiente, vive con su hija de 11 años en un departamento cercano a mi casa. Mi hijo menor vive conmigo y mi madre, él está estudiando su segunda carrera, Pedagogía en Inglés. Trabajo en la parte administrativa de una empresa que otorga asesoría empresarial a constructoras e inmobiliarias en Santiago de Chile.

He retomado por una necesidad interna, la escritura. Me he dado cuenta que al escribir he encontrado soluciones, he encontrado causas y por lo tanto, también he podido ayudarme a comprender qué pasa conmigo, mis sentimientos, mis penas. Hoy me siento más tranquila, logro dormir mejor, despierto con un poco más energías que antes. No tomo pastillas para dormir, tampoco para la depresión.

Estoy formándome el hábito del ejercicio diario, llevo como dos semanas en eso, compré un Trampolín que al parecer es el ejercicio menos dañino para las articulaciones y que genera grandes beneficios al cuerpo. Nunca he tenido ese hábito, ya que muy niña me diagnosticaron “hiperlaxitud” y me prohibieron la actividad física, por lo que crecí viendo a mis compañeras tomar la clase de “gimnasia” y yo siendo mera espectadora. Cuando compré mi primera cámara fotográfica como a los 15 años, me dediqué a tomarles fotografías en esos momentos, así actualmente forman parte esas fotografías de la memoria gráfica de nuestros encuentros.

Acerca de Betmi

Madre, hija, mujer. Amo los animales, me sensibilizan especialmente los perros y gatos. Con un profundo interés por aprender de todo. Deseo escribir desde antes de saber hacerlo. Me gusta leer y tejer. Amiga de pocos.
Este artículo fue publicado en Desafío de escritura por 30 días y etiquetado , , , , , , , , , , . Marcador del enlace permanente.

Agregar un comentario